Neisseria Gonorrhoeae

sábado, junio 17, 2006

Tratamiento



Existen dos aspectos por considerar en el tratamiento de una enfermedad de transmisión sexual, especialmente, si se trata de una enfermedad que se propaga tan fácilmente como la gonorrea. El primer aspecto es curar a la persona afectada y el segundo aspecto lo constituye el hecho de localizar y examinar a todos los otros contactos sexuales y tratarlos para evitar una mayor diseminación de la enfermedad. La notificación obligatoria de la enfermedad mantuvo, hasta hace poco, el número de casos de gonorrea en un nivel bajo; sin embargo, la incidencia está aumentando de nuevo.
Por tres razones, la penicilina no continúa siendo el antibiótico de elección en el tratamiento de la Gonorrea. En primer lugar, la concentración de penicilina necesaria para inhibir el crecimiento de N. Gonorrhoeae ha aumentado de forma constante, por lo que, para lograr la curación clínica, se requieren dosis considerablemente mayores de las que se utilizaban inicialmente. En concreto, la dosis de penicilina G que se recomendaba para el tratamiento de la gonorrea no complicada ha aumentado desde las 200.000 unidades que se administraban en 1948 hasta los 4.8 millones de unidades que se necesitan en la actualidad.
En segundo lugar, la resistencia a la penicilina mediada por la hidrólisis enzimática del anillo beta-lactámico, que se describió por primera vez en el sudeste asiático, ahora se ve de forma universal.
En tercer lugar también se ha aislado cepas penicilín-resistentes de N. Gonorrhoeae que no producen beta-lactamasas. Esta resistencia mediada cromosómicamente no se limita sólo a la penicilina, sino que se extiende a tetraciclinas, eritromicina y aminoglucósidos, y es resultado de los cambios en la superficie celular que evitan que los antibióticos entren en el gonococo. La resistencia a fluoroquinolonas como el ciprofloxacino se ha convertido en prevalente en África, Australia, el sudeste asiático y algunas ciudades de Estados Unidos.
Debido a que está creciendo la incidencia de la resistencia en los gonococos, es problemática la elección de un tratamiento empírico eficaz. Actualmente, el CDC recomienda que se utilize ceftriaxona, cefixime, ciprofloxacino u ofloxacino como tratamiento inicial en los casos de gonorrea no complicada, y que estos fármacos se administren en combinación con doxiciclina o azitromicina en las infecciones mixtas con Chlamydia. La elección del tratamiento en los casos que no responden a esta terapia empírica debe basarse en los resultados de la sensibilidad in vitro.
Aunque existe un gran interés en desarrollar una vacuna contra N. Gonorrhoeae, no se dispone de ninguna vacuna en la actualidad. Se conoce mal la inmunidad a la infección por N. Gonorrhoeae. Se pueden detectar anticuerpos frente a los antígenos de los pili, así como frente a las proteínas Por y frente a LOS. Sin embargo, son frecuentes múltiples reinfecciones en personas con promiscuidad sexual. Esta falta de inmunidad protectora se explica en parte por la diversidad antigénica de las cepas gonocócicas. La región variable en el extremo carboxiterminal de las pilinas es la porción inmunodominante de la molécula. Los anticuerpos que se producen contra esta región protegen frente a una reinfección con una cepa homóloga, pero la protección cruzada contra una cepa heteróloga es incompleta. Esta diversidad antigénica explica también la ineficacia de las vacunas que se han desarrolado contra las pilinas.